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El azul, el color predominante en Chaefchaouen se queda grabado en la retina del visitante. Es un azul intenso, como todo en este lugar colgado de las montañas del Rif, como suspendido en el tiempo. La explosión de color de Chaouen y la calidez de sus habitantes no se olvidan fácilmente y cuando te preparas para marchar, ya estas pensando en volver.
Estuvimos solo unos días, que definitivamente nos supieron a poco y nos dejaron con ganas de conocer más a fondo este pueblo, sus gentes, sus costumbres, sus tradiciones y su forma de vida.
Llegamos en avión hasta Tanger y desde allí viajamos en autobús durante unas tres horas hasta llegar a las faldas de los montes Tisouka (2050m) y Megou (1616m) en la cordillera del Rif. Allí, estos dos montes se elevan por encima del pueblo como dos cuernos. (Accawen significa cuerno en bereber). Esto dió origen al nombre del pueblo, que luego, en la época del protectorado español pasó a llamarse Xauen y actualmente se le conoce como Chauen o Chefchaouen.
Cuenta la leyenda que cuando España era territorio musulman,Mulay Alí ben Rachid se enamoró de Zhora, una muchacha de Vejer de la Frontera y cuando los los cristianos los expulsaron de la península emigraron a Marruecos y allí, para paliar la añoranza que su amada tenía de su pueblo, el emir construyó uno a su imagen y semejanza.
Chaouen fue fundada en 1741 en el emplazamiento de una pequeña población bereber. Era considerada una ciudad santa y debido a las montañas que la rodean estuvo protegida contra las incursiones extranjeras, prosperando gracias a la llegada de refugiados musulmanes de España. Su población original estaba compuesta por exiliados de Al-Andalus tanto musulmanes como judíos.
Actualmente Chaouen tiene unos 40.000 habitantes.
Los lunes y los jueves las mujeres, vestidas con sus trajes tradicionales del campo, bajan de las montañas a vender sus productos en el mercado. Verduras, huevos, gallinas, corderos........
Es una delicia recorrer la Medina azul por la mañana temprano cuando aún no han abierto las tiendas y las calles están silenciosas y sin el griterío de los turistas.
Camino hacia Ras el Ma, el nacimiento del río con sus lavaderos y los restaurantes donde las familias marroquis van a pasar el día y donde las mujeres suelen hacerse fotos con los trajes típicos de la zona.
Pigmentos de colores en las tiendas de la Medina.
Prometimos volver y quedarnos más tiempo. Cumpliremos la promesa. Dejamos en manos del universo el como y el cuando.........







